DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL A LA INTELIGENCIA PARALELA

Por Juan Pablo Rodríguez - Director Creativo TBWA\ COLOMBIA

No fue producto de un capricho que Steve Jobs decidiera entregarle a CHIAT DAY TBWA\ la suma de doscientos millones de dólares para crear un laboratorio especial de medios, el Media Arts Lab en la primera década del siglo XXI. Google tiene hoy un fondo específico para la inteligencia artificial, y MIT con IBM acaban de cerrar un trato a diez años por valor de 240 millones de dólares para crear el MIT-IBM Watson AI Lab. La investigación en nuevos medios, manejo de data e inteligencia artificial no se detiene, y va en camino de ser ampliada. Sin embargo, un artículo de The Drum nos invita a ser cuidadosos con lo que realmente ofrecen las nuevas compañías que hablan del tema. Porque al final del día, una compañía puede estarnos ofreciendo inteligencia artificial, cuando en realidad está reempacando su manejo de data, o el de herramientas de otros como Google o Facebook, para hacerla pasar como tal.

 

El término IA o Inteligencia Artificial (AI en inglés) se ha referido por muchos años al manejo de data, máquinas que aprenden, reconocimiento de patrones y conductas, estadísticas, refinamiento de algoritmos, etc., y sin embargo, es una definición que cambia apenas alcanza una meta, como lo sostenía John McCarthy el creador del concepto desde la facultad de computer science de la Universidad de Stanford en 1955. Mientras hace 20 años la inteligencia artificial se refería al aprovechamiento de datos para segmentar audiencias, la detección de patrones de conducta o el aprendizaje digital, hoy son un lenguaje cotidiano en la industria publicitaria, y nadie los llama IA. Seguimos esperando que llegue. Por su parte, Siri y los mismos carros sin piloto nos llevan a una nueva definición del término. Y sin embargo, seguimos esperando que llegue. Hoy, los robots son parte fundamental de la industria en varios países del mundo en áreas como el sector automotriz, la medicina y la investigación científica. Pero seguimos esperando que llegue. ¿Y qué es lo que esperamos? ¿Sexy robots humanoides (con potenciales asesinos) de los que tanto nos previene Elon Musk? ¿Son dispositivos que van a automatizarlo todo en nuestras vidas? ¿Es un chip con sensores que aumentarán exponencialmente cada paso que damos, para llenarlo de datos, oportunidades de compra, estrenos, menús y promociones?

 

Resulte como resulte, algo es cierto. La inteligencia artificial tiene que ser un producto de la integración, tanto como de los pensamientos, acciones o decisiones que genera nuestro cerebro. Cada uno de ellos es parte de un proceso integrado que llamamos vida. Recuerdos, aprendizajes, memorias, imágenes, experiencias y emociones, o mejor, la integración de todas estas es lo que define nuestras percepciones, análisis y en últimas, decisiones, como seres humanos.

 

Y así es como se alimenta la inteligencia artificial. De datos y más datos y más datos, léase 0´s y 1´s como base bit, para llegar hasta el infinito de la información en todas sus manifestaciones. Y sin embargo, ¿qué recuerdos, qué emociones, qué sueños puede llegar a tener? ¿Se los vamos a implantar? ¿Y aún así, podemos calcular su reacción o el nacimiento de sus emociones?

 

En la primera Blade Runner, la de Ridley Scott con Harrison Ford, los replicantes caen final y definitivamente debido a su incapacidad de manejar emociones (bueno, y a que solo les daban seis años de vida). Pero tenían emociones y sentían la vida. ¿Será así la Inteligencia Artificial que estamos esperando?

 

Por el lado humano, estas memorias, experiencias y sensaciones nos hacen ser predecibles, a pesar de que podemos ser todo lo contrario (pero eso pasa casi en una por cada 10.000 personas). Los humanos somos predecibles por mucho que sostengamos lo contrario. Por el lado artificial, las máquinas, con acceso a megateras de data, ¿pueden serlo? Si hay algo que los humanos conocemos son los límites. Sí, los rompemos y todo eso, pero a una escala experiencial Humana. Pero a las máquinas las estamos creando con acceso a lo ilimitado, sin ningún aprendizaje que podamos predecir, proyectar o controlar.

 

Es como coger a un niño de 2 meses, implantarle una conciencia universal absoluta y lanzarlo a la eternidad. ¿Qué pasaría? La verdad es que aún hoy no sabemos muy bien hacia dónde nos llevará el proceso, teniendo en cuenta las velocidades y ramificaciones que puede alcanzar un proceso de estos en cuestión de nanosegundos. Es más, ¿podemos preverlo? Difícilmente, creo yo.

 

Pero aún así, cada aspecto de la inteligencia artificial hace parte de un proceso combinado (y grupal) de integración. Están los creadores, los desarrolladores, los diseñadores, los inversionistas, los administradores, la gente del software, la gente del hardware, la gente de los procesos y áreas en las que se va a desarrollar...y por supuesto las máquinas (léase IA) que nos van a ayudar a hacerlo.

 

Bueno o malo. En forma de teléfono, carro, chip o gafa, ya está aquí, y tenemos que aprender a manejarlo. Inteligencia. Ya no hace falta el artificial. ¿O sería mejor usar la palabra "paralela"?

 

Una inteligencia paralela es algo que vemos como parte de y para lograr un proceso conjunto de evolución. El término inteligencia artificial por un lado la rebaja: la creamos "nosotros". Y por otro la aleja, la hace máquina, externa, lejana...y supeditada a nuestros caprichos, a los mejores y los peores ángeles de nuestra condición humana, que es justamente de lo que nos previene Musk.

 

Con una inteligencia paralela, sin tener en cuenta por quien haya sido creada, podemos ser aliados, socios y amigos: podemos ser equipo.

 

El solo término nos permite darle profundidad y cercanía. Y ante todo, despierta "Respeto".

 

Una relación de tú a tú. Una identidad aparte de mí, independiente, con el respeto que merecería. De una inteligencia artificial espero una traición en cualquier momento (claro que ese soy yo, tal vez debido a una sobredosis de Terminators, Aliens y Matrixes). De una inteligencia paralela espero colaboración sin protagonismos de ningún lado. Sostiene Frank Schatzing, director creativo y escritor alemán, en su novela "Der Schwarm" o "El Encanto", que hay una inteligencia paralela habitando este planeta desde casi antes que nosotros. Una inteligencia pacífica y discreta, que se da a conocer al ver los desmanes de la humanidad. Su respuesta a la inteligencia humana es sorprendente y cruel, y sin embargo, increíblemente sabia y misericordiosa. Otro caso interesante es la película de Wally Phister "Transcendence" protagonizada por Johnny Depp. Aterradora. Artificial. Creada por nosotros. Y en cierto modo, al estilo Matrix o Terminator, totalmente apocalíptica. Pero por otro lado también tenemos "Lucy" de Luc Besson con Scarlett Johansson. Es una cinta que nos deja esperanza, nos deja luces, y sin embargo no es una inteligencia artificial. Toda la teoría viene de células y líquidos humanos con los que se hace una droga que aumenta e intensifica la capacidad consciente del cerebro humano. No es inteligencia artificial. Es inteligencia humana al 100% de la capacidad del cerebro (que también nos pulveriza, por así decirlo).

 

El punto es que ya está aquí. No la esperemos más. Ya el convencionalismo la llama inteligencia artificial. Dejémoslo así. Pero sigamos muy de cerca a Tesla y sus carros, a los japoneses y sus robots, a IBM y MIT, a Google y a todos los startups que le están invirtiendo al tema, porque tome la forma que tome, y apuesto a que van a ser casi infinitos, nos va a cambiar (por no decir, ¿controlar?) a todos.

 

Nota originalmente publicada en InkCreible #55.
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